Texto Act. 1: Tipos de Ambientalismo

Los desastres ecológicos ligados al desarrollo de la ciencia y la tecnología (la lluvia ácida, los accidentes nucleares, la polución industrial o el deterioro de la capa de ozono) han producido una concienciación colectiva de los riesgos de la tecnociencia contemporánea, que finalmente ha conducido a una revisión de las políticas científico-tecnológicas. Esta revisión ha caminado en paralelo a la renovación fundamental del debate sobre el significado de la naturaleza, en la que cobran especial importancia términos como “ecología”, “ecosistema” o “ambiente”. Aunque las posiciones que pueden encontrarse en el ambientalismo moderno abarcan un amplio espectro, podemos distinguir, siguiendo a Winner (1986), entre tres perspectivas contemporáneas:  

  1. La naturaleza como reserva de bienes económicos. El análisis económico focaliza su interés en las políticas que persiguen la coincidencia del interés personal con el público. Lo que se necesita según esta perspectiva es distribuir los bienes de forma racional. Para ello, es imprescindible que los valores ambientales estén expresados en términos económicos.

  2. La naturaleza como ecosistema en peligro. Desde este enfoque, se considera que no es la mera conservación de los recursos o su uso más eficiente lo que debería preocuparnos sino la posibilidad de que la acción humana cause una eco-catástrofe (p.e. calentamiento global).

  3. La naturaleza como fuente de bien intrínseco. Esta última postura sostiene que lo verdaderamente necesario es una nueva concepción estética, ética y metafísica de la relación humana con la naturaleza. Un hito en este modo de pensar es la publicación de Lynn White de “The Historical Roots of Our Ecological Crisis” en 1967. En este artículo, el autor denuncia que la degradación ambiental refleja un modo de relación con el mundo material de origen cristiano. En una línea de indagación similar, el filósofo noruego Arne Naess (1973) distinguió entre dos formas de aproximarse y acceder a los asuntos medioambientales: el “ambientalismo superficial” y la “ecología profunda”. Ésta última, a diferencia de la primera, no solo pretende reducir la polución y controlar el uso de los recursos, sino dar con una orientación en la ética, la cultura y la política que alcance una relación más positiva con el ecosistema, alejada por tanto del modo de vida urbano-industrial. Dos versiones distintas de esta ecología profunda son los programas de ecología social neo-marxista y el ecofeminismo. 

6 pensamientos en “Texto Act. 1: Tipos de Ambientalismo

  1. Le eché un ojo a este sitio por el interés por la naturaleza que me pareció ver en él. Es más bien extrañeza -de que no te choque-, que ganas de protestar, pero debo decir que la tecnociencia resulta demasiado perjudicada por la forma de redactar este texto.

  2. Bien. No es mala cosa. Decía Aristóteles que los hombres comenzaron y comienzan a filosofar movidos por la admiración.
    Saludos “Anónimo”.

  3. Con en ánimo del estagirita y movido por mi gran admiración por la ciencia, cambio de opinión y protesto. ¿Está la destrucción de la naturaleza más ligada a la ciencia que a la codicia, la ignorancia o a ideologías políticas mal formuladas? ¿Implica un gran fallo en la comprensión de la opinión pública la incongruencia de que para unos la tecnociencia sea la gran esperanza y para otros sea el gran peligro? ¿Las normas aprobadas por el legislador tienen que ver más con amenzas evaluadas de la tecnociencia que con deseos de desarrollo, valores morales, ideologías políticas o principios morales y religiosos? Desde el escrito a Nicómaco podemos ver que las opciones éticas siempre han estado con nosotros. Nos engañamos si culpamos al instrumento con el que trastornamos la Naturaleza.

  4. No comparto tu separación entre ciencia y valores. La tecnociencia está constituida, además de por valores epistémicos, por valores éticos, políticos y sociales en general. Estos no son contextuales sino intrínsecos a la tecnociencia, que, además no es ningún intrumento ni herramienta neutral sino una práctica social.

  5. Una ciencia autogestionada en la buena dirección es algo imaginario aunque un buen deseo. En nuestro modelo, con empresas movidas por el beneficio, es un recurso de tantos que malgastamos. Bastante tendrían con acelerar el logro de ofrecer el mínimo bienestar a la población mundial. Las distintas posturas parten de la evaluación de riesgos y su comparación con beneficios. Influye también la idea que se tenga de la distancia que nos separa del colapso. Hay que notar que desde el punto de vista científico el riesgo es mensurable y en teoría las decisiones básicamente serían cuestiones científicas. Las soluciones de urgecia a los principales problemas de alimentación, energía y salud están en manos del poder político.

  6. Hola,

    El riesgo muchas veces no es ni mensurable ni objetivo, por eso existe el principio de precaución. Uno de los problemas de los nuevos problemas ambientales globales, diferentes en muchos sentidos a los problemas científicos tradicionales (su escala es planetaria y su impacto a largo plazo, para su explicación la ciencia no puede ofrecer generalmente teorías bien fundamentadas basadas en la experimentación, sino solo modelos matemáticos y simulaciones por ordenador, etc) es la incertidumbre en cuanto a sus causas, consecuencias y posibles soluciones. Sin embargo, la presencia de incertidumbres científicas no pueden impedir la toma urgente de decisiones políticas. Por eso se dice que sobre la base de “hechos blandos” deben tomarse “decisiones duras”.

    Un saludo.

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