Una voz propia

Gracias, Carlos.

 

 

 

Yo antes sabía escribir. Quiero decir: sabía quién era cuando lo hacía. Conocía las palabras, los gestos, los lugares y las formas. Sabía de este amor, de este dolor. De este no sé qué que cercenaba.

Pero esa pluma no puede escribir ahora estas letras. Primero, porque ya no estoy donde estaba ni veo a quien antes veía. La que te habla ha cambiado. No se reconoce en esos verbos, en esa carne imaginada.

Segundo, porque la labor es otra. Se trata de filosofía. Y yo nunca he escrito antes sobre filosofía. Quiero decir: lo he hecho mil veces. Mil veces que valen tanto como ninguna. Mil ausencias, mil fingimientos, mil normas y simulacros.

Un único camino. Señalizado y cómodamente transitable. (Pasen y vean). Fácil, ¿no?

Pero, ahora, no puedo escribir de esa manera. No puedo ser ni la prosa ardiente ni la voz simulada. La tarea que entreveo, que casi ni me atrevo a mirar, no me permite abordarla fragmentada, escondida, ni acobardada. No se doblega en mis manos. No se deja moldear. No admite trucos. Se me impone, grande y sola. Mucho más grande que yo.

La miro y callo. Callo y cito. Callo y copio. Callo y leo. Y leo. Y leo. Y repito.

Repito las voces de otros. Otros a los que admiro, porque veo en ellos lo que sé está en mí. Lo sé porque lo he vislumbrado.

Pero no basta.

Esta filosofía que se me muestra y me silencia, que manda callar a unos y otros -personajes…-, me pide un compromiso, un salto al vacío, un riesgo, una apuesta, un abandono. Me pide una voz propia.

Y yo la miro y doy rodeos, vueltas por aquí y allá. ¡Es demasiado pronto! Me digo. Todavía he de conocer esto y aquello, y acaso eso otro también. ¡No estoy preparada!

… No olvido mis antiguas pautas.

Pero ya no puedo más. La cabeza me pesa demasiado, está muy llena de todo y de nada. Necesito sacar a la luz todo este peso y este vacío. Tirar del hilo. Pasar a la acción, pensar por mí misma. Filosofar, al cabo.

Esta filosofía no puede prescindir de la emoción porque me exige poner en juego todo lo que yo soy. No sobran las palabras sencillas ni las grandes, ni el amor, no hay normas prefijadas. No admite la vergüenza, ni el pasado.

La filosofía se ha hecho vida, y no entiende de simulacros. A todo atañe, y de cara a lo real ha de se escribirse.

Así que esta es mi declaración: No sé nada. Tampoco sé escribir. Pero allá voy.

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4 pensamientos en “Una voz propia

  1. Pufff!!! Llevo un rato pensando qué escribir, pero sólo me sale eso: Pufff!!! No dejes nunca de escribir ni dejes que te conozcamos a través de la escritura. Eres increíble!!!! Muchísimas gracias, POR TODO.

  2. pero si me ha escrito Lady B.!!!!!! qué honor! gracias, maja 😉 te escribo desde ya sabes dónde, muy cansada pero sana y salva. Ya hablaremos, un beso muy fuerte!!

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