A propósito de Achenbach

En Filopraxis, seguimos con nuestras lecturas. Este mes estamos leyendo Introducción al asesoramiento y la orientación filosófica, de José Barrientos y he pensado en trasladar al blog los comentarios que me va suscitando, dado que de esta manera posibilito conocer opiniones de personas ajenas al grupo. Recientemente he recibido aportaciones de desconocidos dotadas de un sorprendente sentido.

libro-grande

Gerd B. Achenbach (pp. 41-62)

Según lo describe J. Barrientos, G. B. Achenbach defiende el método “beyond-method” (el método más allá del método) en el ejercicio del asesoramiento u orientación filosófica. Con ello niega el aprendizaje estandarizado: cada consultor debe crear y desarrollar sus propias categorías y técnicas, particularmente a raíz de su encuentro con el consultante. Se trata, dice, de ser un artista, no un restaurador (ni un crítico de arte ni un historiador, podríamos añadir). De esto no se deriva la carencia de fuentes o el desconocimiento de los métodos filosóficos, sino la posibilidad de poder apelar creativamente a una variedad de perspectivas, métodos y técnicas.

Desde mi punto de vista, este eclecticismo metodológico no supone, por sí mismo, un problema, máxime teniendo en cuenta la ausencia de diferencias en la efectividad en los distintos modelos de psicoterapias y relaciones de ayuda, dato que, sin versar específicamente sobre el Af, a mi entender resulta esclarecedor.

Estas consideraciones sobre el no-método achenbachiano, por otro lado susceptible de crítica por motivos en los que no me detendré hoy, me reafirman en la intuición de que la práctica del Af debe ser el fruto de un proceso de maduración personal, de un recorrido filosófico y existencial encarnado en la propia vida. En esto, el Filósofo Asesor se aproxima a los filósofos antiguos que, como magistralmente ha expuesto Pierre Hadot, concebían la filosofía como modo de vida, y no solo como actividad teorética, significado al que se vio generalmente reducida después. Por esta razón, entiendo que las prácticas filosóficas, el asesoramiento, el diálogo y los talleres filosóficos deberían ser una consecuencia natural que acompañe a la propia “vida filosófica” (concepto que, por otra parte, no se me pasa por alto que habría que dilucidar). Creo que sin ese primer elemento de compromiso personal no hay nada original ni sustancioso. El desarrollo de técnicas y métodos vendría después, o incluso de modo simultáneo, pero su aprendizaje estandarizado, practicado por las vías  didácticas habituales, y su profesionalización no asegurarían la experiencia de este origen instransferible, sin la cual la labor de filósofo asesor no solo quedaría desvirtuada, sino que también acabaría convirtiéndose, en mi opinión, en algo impracticable.

Me quedo con ganas de conocer ese “segundo Achenbach” orientado hacia el arte de vivir y la sabiduría del que habla Barrientos al final del capítulo, ya que cada vez me siento menos próxima a la definición del asesoramiento filosófico como resolución de problemas y más interesada en una concepción más amplia e incluso desprofesionalizada de la Práctica Filosófica.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s