Recursos Humanos

Hay momentos en los que la poesía es lo único que suena real. Basta leer un verso para reconocer la voz del mundo, de lo que es, dejando a un lado el simulacro. El verso, la metáfora, la palabra descarnada es más veraz que todas las imágenes con las que vuelvo a casa tras el día. A veces ni siquiera es necesario pasar del primer verso. He leído en una hoja inmaculada “Yo no soy inocente, ¿lo es usted?” y más no necesito. No más para saber quién soy ahora, de nuevo, hablándote a ti así. Cadencias de un instante. Rompientes en la arena.


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