Recuerdos junto al acantilado

¿Recuerdas cuando te llevaba colgando de mi boca?

Como el despojo de una gacela en las fauces de un guepardo.

Resultabas elástico entre mis mordiscos de inconsciencia.

Y no te quejabas.

Metías las manos

pequeñas y rotas

en los bolsillos de tus vaqueros.

¿Recuerdas aquella vez sobre el acantilado?

Mi risa te rodeaba como un tornado y te temblaban las piernas.

Mascabas una mueca sonriente a punto de desbordarse por el miedo.

Y no decías nada.

Mis botas, violetas, derrapaban sobre los guijarros.

Alguna piedra caía sobre el mar

y el estruendo de las olas nos aislaba.

¿Recuerdas el silencio inexpugnable?

Mi rostro blanco nuclear negándote el consuelo

mi cuerpo expuesto y ausente

para ti

que quede claro que este vacío es para ti.

Y tú esperabas horas, días

gota a gota, puño a puño.

¡Era tan nuestro encontrarnos con el pecho hecho jirones, las manos ensangrentadas,

abajo, allí al fondo, junto al acantilado silencioso!



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3 pensamientos en “Recuerdos junto al acantilado

  1. Leerte empieza a convertirse en costumbre, de esas que se necesitan para empezar el día, o para terminarlo con el alma en la punta de la lengua, a punto de decirla.
    Un auténtico placer.

  2. Muchas gracias, Maga! Yo andaba cuestionando el sentido de estas cosas que estoy escribiendo últimamente… Tu comentario me reconforta 🙂

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