Sobre el fuego

El goce y la inocencia son las dos cosas más púdicas:

ninguna de las dos tolera ser buscada.

Nietzsche, Así habló Zaratustra

 

Toda búsqueda espiritual voluntariosa está condenada a volverse contra uno.

No hay modelo, ¿sabes? No hay nada que debas ser o hacer. No hay ningún dibujo que copiar ni hileras de puntitos para guiarte. Y te empeñas en coger un punzón e ir pinchando como solías hacer en el colegio, destrozando el papel hasta extraer una silueta mordisqueda. La vida, la sabiduría, el amor es libertad pura, ¿eras capaz de atisbarlo?

No hay nada que debas hacer. ¡Si al menos comprendieras esto! Dejarías de ir de un extremo a otro: de la pretensión de luz al deseo del abismo.

Los mismos medios que me han ayudado a alcanzar algo de paz en estos años, los mismos libros y prácticas, son los obstáculos que me alejan de la vida auténtica. Por eso me rebelo. Y se rebela mi cuerpo y mi tembloroso corazón. Por eso surge dentro de mí el fuego devorador de ese exceso de “conciencia”. En principio lo juzgué como  un impulso destructivo indeseable. Y me entristecí. Ahora entiendo que es fuego purificador. La noche y sus tinieblas se instalan en mi pecho para mostrarme lo poco que iluminan mis pequeñas velas. Yo corro a protegerlas del viento con las manos ¡y estoy a la intemperie en un inmenso desierto! Las vísceras me fuerzan a desasirme de la falsa paz, protestan porque no hay sitio para ellas en ese invernadero de bonsais. ¡Alma enana, alma asfixiada!, parecen gritarme denunciando la impostura del “tú debes”. Y lo hacen enérgicamente porque solo así le escucho. Solo así parezco tener tiempo.

Quise, y es comprensible, una espiritualidad donde el orden entre dar y recibir fuese claro; y me olvidé de la gracia, de la gratuidad, de la confianza. Cultivé un erial de razones secándose al sol.

Así que:

Bendigo la borrachera

bendigo la taquicardia

bendigo el rostro amanecido a media tarde

y el dominio de los impulsos sobre las razones.

Bendigo a todos los que me han visitado en las últimas dos semanas. ¿No es la auténtica hospitalidad saber recibir al extranjero, al que no se conoce, al incluso amenazante? Lo otro, abrir la puerta al conocido cuando ya sabes que rédito ha de darte, es solo cálculo. Negocio.

Bendigo, por fin, la poesía que reside en cada pliegue de la vida. Que hace habitable el mundo y lo empapa de sentido.

Las palabras, cuando brotan, son buenas para descubrir la impostura. Iluminan y también queman. Como el fuego los rastrojos en los campos.

En realidad, si no pretendieramos nada, vivir la sabiduría sería mucho más sencillo, pues -aquí está el secreto- creo que no hay que esforzarse en buscar ni empujar nada. Aquello de lo que hablo tiene su propio Ritmo y no se presta a cálculos ni a indulgencias. Si a algo ha de asemejarse es a un nacimiento, al ciclo de las estaciones, a la belleza, sencillez e integridad de la naturaleza. Ay, ¡¿cuándo el día en que el río vuelva a ser río y las montañas, montañas?!

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3 pensamientos en “Sobre el fuego

  1. Muy hermoso Ada. Gracias por estos momentos poéticos.
    Me he ido a los Proverbios del infierno de Blake:
    “The head Sublime, the heart Pathos, the genitals Beauty, the hands and feet Proportion.
    La cabeza, lo Sublime; el corazón, el Pathos; los órganos genitales, la belleza; los pies y las manos, la Proporción.”
    * * *
    “Dip him in the river who loves water.
    Sumerge en el río a aquel que ama el agua.”
    http://www.enfocarte.com/2.17/poesia2.html
    Un abrazo

  2. Proverbios del Infierno « FloreceJonia

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