El verdadero heroísmo

Elegir la vida exige más valor que elegir la muerte, quien escoge la muerte en vida está preso de la cobardía.

Este febrero el luto me ha calado hasta los huesos. La muerte ha permeado mis espacios y mis tiempos. Para perderle el miedo, he deambulado mucho tiempo por un valle de sombras, caminaba tejiendo complacida mi propia mortaja; hay que estar preparada, me decía. Preparada… Me sentaba cada noche al borde de la laguna negra y metía mi pie desnudo en el agua helada. Cogía frío. Me resfriaba. Se confundían mis sentidos y mi entendimiento. Pero una voz me ha llamado hoy desde lo alto de la montaña, desde la puerta de la casa de madera. Me he girado hacia ella y he visto una sencilla figura de hombre, pero no podía entender lo que me decía. Sentía que dos manos me tapaban los oídos y que, al fin y al cabo, todo daba lo mismo. La enfermedad y la salud. El reino de los vivos y el de los muertos. No era capaz de percibir la diferencia. No quería. Así que ese hombre ha bajado hasta mí y me ha dicho con lágrimas en los ojos cuatro verdades. Ha sacado un espejo del bolsillo y me he visto reflejada a mí misma con el agua por la cintura, una lacónica barquita de papel en una mano, el cabello muy largo pegado al rostro, la piel de una palidez azulada. Y he comprendido.

Una puede permanecer apegada a la muerte en un vano intento de conocer y explicar lo inexplicable. De limitar el abismo, de hacer predecible la parca, de domesticar la incertidumbre y exorcizar la impotencia, de poner condiciones y controlar la fuerza que hace y deshace. Contemplándola todo el rato, vigilándola, se hace la ilusión de que la controla y de que no la va a pillar desprevenida. Y, sedada por ese engaño, puede costar ponerse en pie y regresar a la vida.

Un ser humano puede querer – querer morir para negar el hecho mismo de la muerte, para sentir que nada le puede ser arrebatado. Prefiere cortar él mismo los hilos que le atan a la vida, creyendo que así dolerá menos. También puede ocurrir que no quiere soltar la mano de quien ya se ha ido. Pero explicar esto último excede mi atisbo de hoy.  Quiero limitar mi comprensión para reternerla también con la razón: escoger la vida, a pesar de todo, es un acto de valor, de verdadero heroísmo, de absoluta rebeldía ante la condición humana.Y, cuando andas vagando perdida, solo la mano de otro ser humano puede sacarte mediante el amor de entre las sombras.

En honor de todos los hombres y mujeres que nos despiertan a la vida para ser héroes y heroínas. En honor de mi héroe.


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3 pensamientos en “El verdadero heroísmo

  1. No puede haber mejor noticia.
    Felicidades por la victoria y de nuevo, gracias por compartir.
    La fuerza con la que escribes es contagiosa. Tú también eres heroína.

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