¿Hablábamos de innovación?

Ayer esbozaba algunas ideas de lo que di en llamar la “educación olvidada”. Hoy, en el blog Café y cigarrillos de mi amigo Eduardo Román, he encontrado expuestos los principios de una institución que bien podrían ser inspiradores para nuestra tarea. El centro en cuestión pretende:

“despertar el interés de sus alumnos hacia una amplia cultura general, múltiplemente orientada; procura que se asimilen aquel todo de conocimientos (humanidades) que cada época especialmente exige, para cimentar luego en ella, según les sea posible, una educación profesional de acuerdo con sus aptitudes y vocación, escogida más a conciencia de lo que es uso; tiende a prepararlos para ser en su día científicos, literatos, abogados, médicos, ingenieros, industriales…; pero sobre eso, y antes que todo eso, hombres, personas capaces de concebir un ideal, de gobernar con sustantividad su propia vida y de producirla mediante el armonioso consorcio de todas sus facultades

Para conseguirlo, quisiera este centro que:

en el cultivo del cuerpo y del alma, «nada les fuese ajeno». Si le importa forjar el pensamiento como órgano de la investigación racional y de la ciencia, no le interesan menos la salud y la higiene, el decoro personal y el vigor físico, la corrección y nobleza de hábitos y maneras; la amplitud, elevación y delicadeza del sentir; la depuración de los gustos estéticos; la humana tolerancia, la ingenua alegría, el valor sereno, la conciencia del deber, la honrada lealtad, la formación, en suma, de caracteres armónicos, dispuestos a vivir como piensan”

Sus impulsores apuestan por:

  • Trabajo intelectual sobrio e intenso;
  • juego corporal al aire libre;
  • larga y frecuente intimidad con la naturaleza y con el arte;
  • absoluta protesta, en cuanto a disciplina moral y vigilancia, contra el sistema corruptor de exámenes, de emulación, de premios y castigos, y de espionaje y de toda clase de garantías exteriores;
  • vida de relaciones familiares, de mutuo abandono y confianza entre maestros y alumnos;
  • íntima y constante acción personal de los espíritus”

Pondría a continuación el enlace a la web de esta institución tan puntera, pero se trata de una exposición de los principios pedagógicos de la Institución Libre de Enseñanza, de 1929. Un proyecto español, sí. Olé.

Puedes leer el post de Eduardo Román  aquí (incluye el texto con los principios pedagógicos de la ILE). Destaco la acertada reflexión que realiza sobre la importancia de aprender a escuchar y las consecuencias que se siguen del hecho de que en nuestro país sea una habilidad prácticamente inexistente:

“En todos los ámbitos, escuchar a quién viene con ideas sin importar quién sea se le debe un respeto por la generosidad de darnos su idea. No le colguemos enseguida el calificativo de friki, o raro… o le prejuzguemos. Las ideas nuevas siempre resultan extrañas al principio y muchas veces son dificiles de entender. En la educación abrirse a la experiencia de otros multidisciplinarmente, lúdicamente.”

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