La ratita

La ratita se muerde la cola nerviosamente. Mira de reojo al elefante. Pobre ratita, no sabe menear el trasero para los transeúntes. La ratita se peina con un peine de púas, y se sorbe la nariz, como pegamento, las uñas se le vuelven quebradizas con los años y los ojos se le descuelgan de las órbitas. Es extraño cómo se oscurece el mundo ante la mirada de la rata. Debe ser que su tamaño le permite hundirse entre las sombras sin despertar a los demonios que la habitan, sin provocar su furia y el zarpazo de sus garras afiladas. La ratita navega en un barco de papel, sobre las lágrimas de las niñas muertas. Las observa reunidas en la ribera, con sus largas melenas rubias, son todas rubias en el infierno, con la piel muy pálida y los pezones pálidos también. Se agarran la tripa, la abren y sacan piedras entre lamentos, para coserla con mucha prisa después. Pobres niñas, volverán a cagar piedras por las entrañas. La ratita sumerge su pequeño remo afilado dejando una estela de tinta y avanza veloz por la corriente salada. Vislumbra al gigante que habita estas antiguas montañas subterráneas. Aparece y desaparece entre los peñascos. La ratita se descubre sin temblar, navegando infiernos en su proa de papel.

Anuncios

Un pensamiento en “La ratita

  1. Yo no soy el poema | Florecejonia

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s