Gerti

¡Gerti, Gerti! ¿Pero que has hecho? ¡Has asfixiado a tu niño con la bolsa de plástico de tu última compra! Mientras, el cerdo se cuece en la bañera y se pregunta por qué no está allí su mujer masajeándole el rabo. No se escapará al sueño antes de que la recorra una vez más. Pero Gerti no está en casa. Permanece junto al arroyo, mirando con una sonrisa cómo el cuerpo de este niño ya se ha hundido. Y así estará mucho tiempo, tanto como dure el invierno.

[A Gerti me la presentó Elfriede en su libro Deseo]
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