Camina ligera

Ingenua y bienintencionada, caminas como una novia temblorosa asida con firmeza a un ramillete de verdades. ¿No ves que nada más cortadas las flores comienzan a marchitarse y a perder frescor? ¿Acaso crees que puedes atrapar la luz del sol entre los dedos o el agua del río con tu falda? Tus atisbos solo permanecen vivos si no intentas llevártelos contigo; solo así circula la savia vivificante por sus tallos, la fuerza de la corriente por el agua cristalina o el intenso calor del sol sobre la piel.  No hay nada que recoger, nada con lo que cargar. Ve y camina ligera.

Jackass: un signo de los tiempos

Hace unos años me marché de una cita horrorizada porque el chico en cuestión se había puesto a hablarme de una serie llamada Jackass. Yo me quedé estupefacta escuchando las muchas estupideces a las que se entregaba el reparto, generalmente infligirse dolor o realizar actividades peligrosas. Sirva este video como muestra.

Tras ver el video, uno podría conformarse con etiquetar a sus protagonistas de retrasados mentales, y con eso poner fin al análisis. Pero ahora esto me parece una ingenuidad acrítica. Me explico.

Yo no era capaz de entender el comportamiento aparentemente sin ningún sentido de este grupo de tíos, me parecía caprichoso, arbitrario, y por supuesto estúpido, pero, a la vez, este análisis que hacía no me dejaba satisfecha. Sabía que algo importante se me escapaba. Pues hace un rato, leyendo a Raimon Panikkar, me ha sorprendido hallar la formulación de algo que dota de cierta lógica al fenómeno Jackass y a la fascinación que produce (entre los muchachos jóvenes principalmente) y es la sencilla afirmación de que la vida quiere ser vivida y que “la vida reprimida busca la muerte”(Invitación a la sabiduría, pp. 85) . ¿Cómo ilumina esto el jackassismo juvenil cada vez más extendido? Pues advirtiendo que es un producto de la época, una reacción, una excrecencia esperable ante la anestesia existencial de nuestras sociedades. La obsesión con experimentar solo lo beneficioso, lo ordenado (yendo un poco más allá: lo inteligible, reducido a lo científicamente explicable) es el origen -colectivo- de esta asunción banal de riesgo y dolor de la que presumen sus protagonistas. No quiero decir con esto que defiendo o celebro de algún modo estas insensateces, no, pero sí que las sitúo a la misma altura que la pretensión obsesiva de seguridad y de un malentendido bienestar que articula la existencia contemporánea en Occidente. La variedad de comportamientos autodestructivos y de formas de violencia consentida entre los jóvenes crece proporcionalmente a la obsesión por la seguridad en el llamado primer mundo: las videocámaras, la infantilización de la juventud, los actimeles de todo tipo, la supresión farmacéutica de estados emocionales considerados negativos, la medicalización de los procesos fisiológicos, y, como gran engendro, la guerra contra el terrorismo, entre otras muchas cosas que podríamos mencionar.

Yo, en esa patada en la entrepierna con la que comienza el video, veo más bien la venganza de la vida reprimida, usando la expresión de Panikkar, algo tolerado, celebrado y alimentado por todos. No se puede tildar de comportamiento meramente autodestructivo, porque, aunque de un modo perverso, responde a un impulso irrenunciable: el de vivir la vida. La insensatez que estos alocados muestran es una respuesta al miedo que devora y paraliza las sociedades occidentales, la obsesión por la seguridad y la intolerancia a la incertidumbre que asfixia la experiencia de la vida. Téngamoslo claro: la vida quiere ser vivida y quiere ser puesta en juego mediante un auténtico ejercicio de libertad. Si no lo hacemos de manera natural, los más jóvenes nos lo recordarán refugiándose en insensateces cada vez mayores. Probablemente hasta desembocar en la muerte, como a punto ha estado de suceder en un programa de televisión europeo (porque no olvidemos que al otro lado de la pantalla estamos nosotros: la Audiencia. Tecnología + miedo + dolor como espectáculo, los ingredientes de un cóctel perfecto. Sírvase muy frio y con sombrillita tropical).

Lo que acontece en tu risa

Lo que acontece no es un hecho. No es lo que ocurre en este espacio-tiempo limitado que me empeño en registrar. No está formado por una serie de elementos que yo pueda enumerar, tras mucho esfuerzo. El espacio abarca todas las dimensiones aquí mismo desde donde te miro. El tiempo se hace circular y laberíntico, disuelve la sucesión ordenada de los momentos como azúcar en el agua. Porque quienes me han querido se presentan ahora en el arrobo de tus mejillas, porque la vida no es una carrera con etapas que van quedando atrás. Acontece en redes, inmensos telares cuya dimensión traspasa las coordenadas humanas. Tus ojos se exceden a sí mismos, son parte de cosas que tú no conoces. No te pertenecen.

Es hermoso esta confluencia de seres en el instante. Es hermoso tu rostro como rostro a través del cual se muestra lo real que te atraviesa, que no respeta tu afán de identidad individual.

La realidad no es domeñable con conceptos. ¿Qué problema hay si de tu risa acontece su risa o la luz de aquel día? El error es juzgarlo inapropiado, enfermizo. Es pretender contener la inmensidad de lo que ocurre en nuestras pequeños moldes de playa, recoger el mar en pequeñas caracolas agustinianas. Ingenuos cartógrafos de lo real, nos esforzamos en excluir y delimitar para obtener verdades sólidas, humanas, decibles y ordenables, como libros en estantes de biblioteca. Y lo llamamos discernir. Pero no lo es. Discernir es saludar al infinito, acogerlo en tu pecho y dejarte desmembrar en su despliegue, como una inmensa flor que se abre.

Lo real, lo que acontece, así lo pide para ser meramente vislumbrado.

Telebebé (Apaño tecnológico III)

Empresas españolas se han unido para desarrollar una herramienta con la que los padres o tutores legales de los niños ingresados en una Unidad de Pediatría pueden seguir su evolución desde Internet (PC o móvil vía RTSP). “Visita a tu bebé”, el nombre de esta innovadora aplicación, acerca las ventajas de las TIC al cuidado y atención de los niños.

Esta foto no está manipulada. La alegría que muestra el bebé es real y, aunque no puede afirmarse con seguridad, probablemente se deba a que se siente más seguro sabiendo que sus padres lo vigilan desde algún lugar del planeta Tierra.

Según cuenta la web “El proyecto se ha llevado a cabo mediante la instalación de 10 videocámaras IP en los box de la Unidad de Pediatría del hospital y un desarrollo software (aplicación “Visita a tu bebé”), de esta forma los padres han podido ver a su hijos tanto desde teléfonos móviles 3G como desde equipos informáticos conectados a Internet.” Una servidora no puede más que asombrarse. ¡Desde teléfonos 3G! Esto sí es un avance: puedes  observar a tu hijo en la UCI mientras haces la compra, te haces las uñas o te cuentas los puntos de la cesárea. De hecho, se está pensando complementar este servicio con el envío a domicilio del bebé una vez se le dé el alta, y evitar así el desplazamiento de los padres al hospital y el encuentro con los médicos que tanto tiempo hace perder (se calcula que cada día pierden 10 minutos explicando a los ansiosos padres que no pueden estar con sus hijos enfermos, desmitificando la lactancia, bregando con el neohippie método canguro, etc.). No obstante, este servicio está en fase de proyecto.

“Cualquier madre o padre se sentirá mucho mejor pudiendo ver a su bebé en la pantalla del ordenador en cualquier momento, con total y absoluta libertad” ha declarado el experto en Cooperación al Desarrollo Inhumano, Juan de la Higuera.

No obstante, si la imagen de su hijo recién nacido en la UCI provoca una lógica inquietud y sufrimiento en los padres, la aplicación permite mandar un abrazo virtual al bebé en cualquier momento del día, simplemente pinchando en el icono correspondiente:

También pueden mandarle un mail, que le será reproducido con el programa Speechissimo, en la lengua elegida por los padres:

Desde el control de enfermería también se monitoriza a los bebés de manera simultánea, aunque, según consta en la web del proyecto, “la aplicación sólo permite la transmisión de imágenes, no de audio.” Esto no obstante, y bien mirado, no es una desventaja, porque de este modo la aplicación no resulta ruidosa. Ya es sabido que el llanto del bebé no es informativo ni síntoma de nada en particular sino más bien aleatorio y una forma de ensanchar los pulmones.

No obstante, el colectivo PYMUCI (Padres y Madres con bebés en la UCI) ha mostrado su malestar porque creen que la aplicación no soluciona los auténticos problemas de los servicios Neonatales en nuestro país:

"Exigimos poder ver a nuestros hijos desde el nuevo I-Puf. También creemos que es fundamental que los email se reproduzcan en todos los acentos de España, incluido el murciano y el almeriense. Solo así podremos dormir tranquilos."

Seguiremos informando de los avances tecnológicos que se producen en este campo, con la firme creencia de que este el tipo de cosas es lo que esta sociedad necesita.

Apaño tecnológico y maternidad

¿No tienes tiempo ni fuerzas para coger a tu hijo en brazos? ¿La jornada laboral y las tareas de la casa te dejan exhausta? No te preocupes, llega el Tranquilizador Sweetpeace, ¡todo un ingenio en ayuda de las mamás más apuradas!

Sweetpeace reproduce  el movimiento suave y regular que tú realizas para tranquilizar a tu bebé y además posee un sistema de audio que permite reproducir sonidos relajantes y naturales como el latido del corazón (¡tú bebe creerá que ha vuelto al útero materno!), la lluvia, el viento o una mamá del tercer mundo arrullando a su cría. Además,  Sweetpeace puede conectarse a un mp3 y reproducir grabaciones orientadas a la estimulación temprana del bebé: ¡sus primeras lecciones de inglés no tienen por qué esperar! Sabemos que quieres lo mejor para su futuro.

Sweerpeace te ofrece 6 velocidades orientadas a calmar el llanto del bebé -de 0 a 150 km/h- que podrás escoger cómodamente desde el panel de control. Tan solo evita coger al bebé, porque puede malacostumbrarse.

Sweetpeace es el único producto capaz de tranquilizar y satisfacer todas las necesidades de apredizaje de tu bebé, y además fomenta su independencia para que el día de mañana sea una persona segura de sí misma. ¡Y todo por tan solo por 243 euros!

Pincha aquí para ver el video en español. ¡Y alucina!

¡Pero esto no es todo! Si llamas ahora y encargas tu Sweetpeace recibirás totalmente gratis un Zaky, el mejor amigo de un bebé prematuro:

Zaky está diseñado para imitar la apariencia de los brazos de los padres, proporcionando así una sensacion de protección y confort al bebé.  Colóquelo en la secadora durante un par de minutos para calentarlo y darle una sensación más realista.

¡Porque ser madre no implica ser esclava!

¿Qué haces así tan quieta?

Cuando la muerte irrumpe y parte con alguien realmente importante en tu vida, sobreviene un tiempo distinto a todos los anteriores y de una cualidad paradójica. Un tiempo de permanente convivencia con alguien que hace algo tan inasible e inacabable como morir. Y hablo de convivencia porque aunque el muerto no esté, porque está muerto, te acompaña o le acompañas, produciendo una consecuencia difícil de explicar: el de “habitar” en dos lugares que es imposible que se den a la vez. Uno que nos es propio como seres vivientes y otro, en realidad un no-lugar, que tan solo intuyo sin por ello conocer. ¿Cuándo un muerto deja de morir? Me parece que nunca. Así, de un modo que reconozco es muy confuso, parece que la irrupción de la finitud ha traído a mi vida una nueva intuición de infinitud.

Todo alrededor de la muerte es paradójico. La visión del cuerpo del muerto confirma cosas contrarias: que está y que no está.  Puedes verlo y tocarlo, pero en ese mismo momento de confirmación consoladora de la presencia, en ese mismo momento (toque o beso) y no en uno posterior, sabes íntimamente que estás ante algo que no es. Por ello, renuncias a retenerlo. El cadáver da quitando(se).

Presencia que se sustrae a sí misma. Un cuerpo que muestra una ausencia. Un rostro visible, quieto ya por siempre en incesante partida, inaprensible. Por siempre.

Es el mismo sin ser el mismo, está alterado en sí mismo: ¿no es así como se aparece un muerto? ¿No es una alteración a la vez insensible y sorprendente –el aparecer de lo que (del que) propiamente no aparece ya, el aparecer de un aparecido y desaparecido– lo que lleva más propia y violentamente la huella de la muerte? El mismo que no es ya el mismo, la disociación del aspecto y la apariencia, la ausencia del rostro en la misma cara, el cuerpo hundiéndose en el cuerpo, deslizándose bajo él. La partida inscrita en la presencia, la presencia presentando su despedida. Él ha partido, ya no está allí donde está, ya no es como es. Está muerto, es decir, no es eso ni aquel que al mismo tiempo es o presenta. Él es su propia alteración y su propia ausencia: no es propiamente sino su impropiedad.

Jean-Luc Nancy. Noli me tangere. Ensayo sobre el levantamiento del cuerpo. Madrid, Minima Trotta, 2006 47-48.

This is about vision. This is about the long line.

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Benjamin Zander es el director de la Orquesta Filarmónica de Boston e intérprete destacado de Mahler y Beethoven. Es conocido por su carisma y por sus brillantes  y entusiastas pláticas antes de los conciertos, así como por sus conferencias sobre liderazgo. Co-autor con su pareja, Rosamund Stone Zander, del libro El arte de lo posible (The Art of Possibility: Transforming Professional and Personal Life )  traducido a 17 idiomas.

Esta charla fue dada en Monterrey, California en febrero del 2008, en la Conferencia Anual de Tecnología, Entretenimiento y Diseño (TED). Video original en TED Subtitulado en más de 6 idiomas. Subtitulado para Youtube en Español por Ajmme Kajros.

Air Doll o el despertar de la conciencia

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“¿Pueden las personas llenar su propio vacío? ¿Cuál es el significado de la vida? ¿Qué es un ser humano?”

Son palabras del director japonés Hirokazu Kore-eda, al presentar su película Air Doll, actualmente en cartelera.


Recién acabo de verla y me ha parecido una buena película, original y profunda, con una preciosa estética y pocas concesiones a las poses melancólicas, aunque con algún momento reiterativo y un final que  quizá rompe un poco la  sencillez predominante (y que me ha hecho recordar El imperio de los sentidos). Air Doll es un verdadero cuento sobre la condición humana, la búsqueda de la identidad y la relación con los otros. Nada más y nada menos.

La película puede abordarse de varias maneras. En mi lectura, que por el momento guardo para mí por ser todavía inmadura, ha estado muy presente la psicología arquetípica femenina de Clarissa Pinkola Estés, porque Air Doll concede particular peso a recrear el despertar de la conciencia femenina. Un cuento (obviamente una revisión de Pinocho) cargado de simbología, como deben ser los buenos cuentos: el invierno y la navidad, la manzana, las flores, la propia forma de muñeca… Dice Clarissa en su libro Mujeres que corren con los lobos:

“Los cuentos son una medicina. Me sentí fascinada por ellos desde que escuché el primero. Tienen un poder extraordinario; no exigen que hagamos, seamos o pongamos en práctica algo: basta con que escuchemos”

Que no es poco, añado yo. La verdadera escucha, la que es sinónimo de receptividad, es una habilidad poco frecuente en nuestros tiempos. Pero sin ella la vida carece de calidad poética. Hugo Mújica explica bien en qué consiste:

I.
La escucha poética, su comprensión,
no es una aprehensión,
es una entrega;

es la renuncia al deseo de poder ínsito en el saber,
renuncia al saber como posibilidad de posesión,
de borrar la alteridad.

II.
La comprensión poética no aboca a un discurso
sobre lo comprendido,
no es siquiera un acto del pensar:

es la sensibilidad,
la vulnerabilidad pasible de acoger,
de dejar venir, de amparar lo otro como otro;

es el dejarse alterar por la alteridad,
transfigurar por el sentido,
iluminar por la belleza,
o herirse por lo sublime.

III.
No se trata de una mera pasividad,
se trata de ser pasible,

capaz de acoger la alteridad como alteridad:
como fecundidad,
revelación que revela lo que crea.

Hugo Mújica. Lo naciente: pensando el acto creador. Valencia, Pre-Textos, 2007. p.82.

Porque no somos solo Homo sapiens sino también, y al mismo tiempo, Homo demens, Homo ludens y Homo poeticus, la literatura, la poesía, el cine, la pintura, y el resto de artes se constituyen en verdaderas escuelas de comprensión de la condición humana. Esta película, entre tanta chorrada y despropósito cinematográfico, es muestra de ello.

La gesta

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Hace unos días todos asistimos al triunfo de la selección española de fútbol. Quienes no atendieron al partido, pocos, vieron a la gente salir a las calles portando banderas o escucharon sus cánticos y gritos desatados. Uno que tuvo particular éxito fue “Yo soy español, español, español”, entonado con un voz grave y, en mi opinión, con una rara cadencia, pero esa no es la cuestión. La cuestión es que todo resultaba  extraño. Esa exaltación patriótica era extremadamente inusual. Yo nunca había visto antes cosa semejante. No sabía que era bueno ser español, español, español, algo que uno pudiera querer gritar a los cuatro vientos porque, de hecho, simplemente no parecía ser un aspecto relevante en la vida e identidad de uno. Bueno, sí, lo ponía en el DNI y había que escribirlo al cumplimentar solicitudes pero lo normal es que el tema de la identidad nacional estuviese limitado a dos discursos. Por un lado, el de las tradiciones orgullo de la nación tipo: gastronomía -tortilla de patatas y paella como platos estrellas-, el ir de cañas y tapas, la fiesta nocturna que supuestamente nos hace envidiables al resto de los europeos, y la siesta. Por otro lado, la guerra civil y todo lo que vino después. Antes no debe haber pasado nada importante porque nadie habla ello (fuera de ciertos circuitos). De hecho, a lo mejor este país nació de la nada en el 36. En todo caso, llamaba la atención esa exaltación de la colectividad. Yo la miraba con un sentimiento ambivalente. Y no solo porque ya de por sí la pérdida de la individualidad en el fervor colectivo sea a la vez fascinante y atemorizador, sino porque me alegraba y a la vez me preguntaba por qué. ¿De qué me iba a alegrar? Porque si mi sentimiento de pertenencia a España ha de construirse sobre el deporte, vamos listos. Ya les digo aquí que no me interesa. Aunque Rafa Nadal gane la F1.

¿Comentaron en casa este tema? No sé, no sé… Aquí lo que se  lleva es ignorar la cuestión, espinosa, que no sabe una por dónde cogerla, y levantar castillos de 80 metros cuadrados en los que resguardarse (ya explotó Ikea esta idea: “La república independiente de tu casa”), donde viven el señor y la señora, con algún súbdito si no queda más remedio, que luego deviene en señor también, con la consiguiente lucha por el poder y por el cetro moderno: el mando a distancia. Y hay que esforzarse mucho para poder comprar el Home Cinema y el aparato de gimnasia, y así tener que salir lo menos posible de la patria casera, redecorándola  junto a la propia vida, por temporadas (cuánto saben los publicistas de Ikea, ni Don Draper).

El caso es que hay otros castillos adosados a los nuestros, con sus señores dentro, al fondo, escurridos dentro del sofá. ¿Dudas porque no los ves? Sí, hombre, son los que maldices cuando ponen la tele alta. Los mismos a los que espías cuando oyes que discuten. El caso, digo, es que no sabemos cuáles son sus nombres ni sus anhelos, ni nos importan.

Bueno, pues todos esos salieron a los balcones y a las calles con banderas, hicieron declaraciones a la televisión, lloraron, besaron a sus mujeres, y las mujeres a sus maridos, y los niños gritaron de alegría. Todos por una misma causa que hizo que se rascasen los bolsillos en busca de un patriotismo normalmente ausente. ¡Espera que recuerdo que me quedaba un poco! Sí, algo de una península… y no sé qué. ¡Viva España! ¡Viva Zapata! Los niños, inocentes, se alegraban de verdad.

Dicen los espacios deportivos de los telediarios que España se sintió una, que gritó a coro, por una gesta nunca antes vista, y acompañaban estas palabras con las bandas sonoras de películas tipo Braveheart, Gladiator, El último mohicano… y a la gente le encantó. ¿Por qué? Me pregunto. ¿Echan en falta algo? ¿Algo además de dinero y tiempo?

El triunfo de la selección, a pesar de la  importancia que quiere darle todo el mundo, hasta el artificio, no va a fomentar la unión de esfuerzos ni a levantar el país, por mucho papel higiénico patriótico que se venda. La gente se sintió parte de algo más grande que ellos (que los trascendía) durante un par de días, pero ese sentimiento se desvanecerá, como la espuma, si no hay nada debajo que lo mantenga. La humanidad, la solidaridad y la responsabilidad, el origen de la verdadera ciudadanía, no pueden fundamentarse  en las victorias deportivas, sino en un sentimiento de afiliación, de affiliare, de filius, que significa hijo. Dice Morin que es un “sentimiento matri-patriótico que debería ser cultivado de modo concéntrico a propósito de Francia, Europa, Tierra” (él es francés, no podemos pedirle otra cosa; cambien “Francia” por “España”, si es que pueden). Es por una historia y unos valores comunes que se desarrolla un sentimiento de pertenencia, afiliación y de hermandad. Nosotros… nosotros andamos haciéndonos test de paternidad. Cuando  no directamente somos hijos de la desesperanza.

Sin filía, sin amistad, sin proyectos colectivos, grandes y pequeños, la identidad nacional seguirá siendo una cosa incomprensible e incómoda, y lo que es peor: secuestrada por gente sin cerebro y sin corazón, en manos de masas desbocadas sin saber por qué ni a dónde.  Y las gestas, los hechos memorables, continuarán siendo caricaturas de un país que se niega a pensar, a sentir y a conocerse. Seres sin historia. Hijos de la nada.