Filosofía encarnada: esbozo de orientación filosófica para futuras madres.

Multiplicaré los trabajos de tus preñeces.

Parirás con dolor los hijos

Y buscaràs con ardor a tu marido,

Que te dominarà.

Génesis, 16.



I.                   Patologización y medicalización del parto.

El 40% de los niños y niñas nacidos en España son extraídos por medios e instrumentos quirúrgicos[1]. Según este dato, el 40% de las mujeres españolas es incapaz de dar a luz por sí mismas. ¿No resulta esto extraño? ¿Son las mujeres capaces de concebir y gestar a un ser humano pero son, al final, incapaces de parirlo sin intervención médica? ¿Qué está fallando en la actual atención al parto?

Desde hace algunos años, la OMS viene alertando de tremendos errores en los servicios de atención al parto y realizando recomendaciones que son sistemáticamente desoídas por los profesionales de nuestro país. Veamos algunos datos[2]:


  • La ciencia ha comprobado que la cardiotocografía rutinaria durante el parto no disminuye la mortalidad perinatal,  sólo desemboca en demasiadas operaciones de cesárea innecesarias, y sin embargo, se practica en casi todos los hospitales españoles durante el parto.
  • La medicación intravenosa de rutina no resulta necesaria durante el parto normal e interfiere en la importante necesidad de movimiento de la mujer durante el parto.  No obstante, se aplica en la mayoría de los hospitales españoles.
  • Colocar a una mujer sobre su espalda en la segunda fase del parto es la peor de todas las posiciones posibles, sin embargo se coloca a las mujeres en esta posición en prácticamente todos los hospitales de España.
  • El índice de episiotomías, el corte para abrir la vagina durante el parto, alcanza en España el escandaloso porcentaje del 89%, cuando desde la OMS se calcula que no es necesaria en más del 20% de todos los partos. Además, se ha constatado que produce dolor, aumenta el sangrado y causa disfunciones sexuales a largo plazo.  Por todas estas razones, la episiotomía ha sido correctamente etiquetada como una forma de mutilación genital de la mujer.
  • No más del 10% de los bebés necesitan del uso de fórceps o ventosas para nacer, pero en los hospitales españoles un 18% de los bebés nacen con estos instrumentos quirúrgicos no exentos de riesgos.
  • La OMS considera que no puede justificarse que ningún país tenga más de un 10% de cesáreas en hospitales generales y más de un 15% en hospitales especializados a los que se suelen transferir casos especiales.  Sin embargo, en España hay un 23% de cesáreas en los hospitales públicos y un 31% en los hospitales privados.


Resulta necesario acabar con un mito de nuestros días: la actual atención al parto no se basa en la evidencia científica disponible. Sin embargo, y a pesar de los avances en la comprensión del proceso fisiológico del parto, se detecta una gran resistencia a cambiar el actual modelo y se desoyen las actuales reivindicaciones de colectivos de mujeres que claman por un parto más humano y menos medicalizado.[3]

A día de hoy, y a pesar de que los obstetras comienzan a ser criticados por no permitir que las mujeres participen en las decisiones relativas a los cuidados maternales[4], todavía hay muchísimos ginecólogos convencidos de que las mujeres que van a ser madres no tienen que conocer y entender el proceso del parto porque para eso “ya están ellos”. Sin embargo, el parto no es un acontecimiento médico ni una enfermedad, y, de hecho, no debería ser atendido por ginecólogos, especialistas en enfermedades femeninas, sino por matronas experimentadas.

La actual concepción del parto y el papel asignado en él a las mujeres muestra -apenas disimuladas por una en realidad inexistente legitimidad científica- actitudes, creencias y prácticas tras las que subyacen una visión patriarcal y machista de la sociedad.

Como dice Consuelo Ruiz, la matrona más antigua de España: “No hay ninguna razón física ni moral para relegar a la mujer al papel de materia inerte, de ser ignorante e incapaz en una función fisiológica que la atañe directamente, que es ella, personal y espontáneamente quien debe llevarla a cabo, que nadie puede hacerlo mejor que ella que nació preparada aposta para eso”[5].

Se hace imprescindible un nuevo modelo basado en el conocimiento y el respeto de las necesidades de la madre y de su hijo en el momento del nacimiento. Parir es un proceso altamente sensible a la influencia de aspectos elementales como temperatura, luz, olores, posturas corporales y sentimientos. Negar o no tomar en consideración esta realidad, afirma Gloria Lemay, es parte de un esquema más grande de violencia contra las mujeres en la cultura patriarcal.[6]

Michel Odent, pionero en la atención al parto natural e introductor de las bañeras de dilatación y las salas de parto[7], recalca la importancia de dar a luz en un entorno tranquilo, seguro y sobre todo privado, pues, en caso contrario, las mujeres no pueden liberar oxitocina, la llamada hormona del amor[8]. Según este famoso obstetra, “un parto será más fácil y rápido cuanto más sola esté la mujer. Solo necesita una comadrona que tenga experiencia y una actitud maternal y que se mantenga en silencio”. Habría que reconsiderar, incluso, la moderna tradición de la presencia de los padres durante el nacimiento. “Cuando se introduce al padre durante el parto hay que ser prudente. En algunos casos, el padre puede representar un estímulo en el neocortex, que produce adrenalina y perturba el parto. Y esto explicaría que en algunos países donde se fomenta su presencia haya habido un aumento de las cesáreas.”[9] Durante el nacimiento, la parte más activa del cuerpo maternal es la parte más antigua del cerebro: el conjunto de estructuras primarias como el hipotálamo y la hipófisis, que funcionan como glándulas secretoras de hormonas. Cuando de alguna forma se estimula el neocortex, el cerebro libera adrenalina, lo que inhibe el parto. En consecuencia, durante el alumbramiento debe evitarse todo estímulo que provoque inhibiciones (luz fuerte, sonidos, gente hablando, etc.), para permitir a la mujer entrar en una especie de trance.

Casilda Rodrigañez da un paso más y sostiene que, junto al stress y el miedo, la principal causa del dolor durante el parto es la represión de la sexualidad femenina y el útero espástico, no siendo en realidad el dolor consustancial al parto. La recuperación de una sexualidad femenina plena, actualmente inhibida por siglos de dominación y violencia interiorizada, llevaría a disfrutar de partos placenteros. [10]


II. Esbozo de orientación filosófica a futuras madres.

Se sabe que las preconcepciones, expectativas, pensamientos o creencias sobre un hecho afectan a la experiencia del mismo. El parto no escapa a esta  lógica humana y en su vivencia entran en juego elementos cognitivos y filosóficos asociados a una concepción patriarcal de la sociedad, las relaciones entre hombres y mujeres y la propia identidad femenina. Por todo ello, podría aplicarse la orientación o asesoramiento filosófico a la desactivación de modelos patriarcales perniciosos para la vivencia de la maternidad.[11]

Antes de abordar las vías por las que esto puede realizarse, dos advertencias. En primer lugar, de ningún modo quiero decir que se deban abandonar o minusvalorar otras vías de lucha (social y política), ni tampoco que la actividad filosófica deba limitarse al ámbito personal. Resulta imprescindible que el cambio interior al que apuntamos se vea acompañado y reforzado por cambios externos en la gestión de los partos que sustituyan las actuales condiciones hostiles por un modelo de facilitación de partos respetados (ya sea en espacios públicos, como en el propio hogar).

En segundo lugar, es importante destacar que no se trata propiamente de mejorar el alumbramiento, sino de desempeorarlo, es decir, de soltar lastre y desprendernos de creencias que perturban, dificultan y condicionan negativamente la experiencia de dar a luz.

A continuación, expongo brevemente algunos métodos que podrían resultar válidos para avanzar en el cambio de la actual concepción del parto. Para su práctica, es conveniente contar con la ayuda de un asesor/a filosófico/a e incluso participar en talleres de filosofía grupal orientados a la vivencia plena de la maternidad.


  1. Autoconocimiento:

a) Análisis de reminiscencias. Recuperación de recuerdos, positivos y/o negativos, sobre la experiencia del parto. Además de por partos previos, este mundo de vivencias estará marcado principalmente por (i) la narración por nuestra madre de nuestro propio nacimiento, (ii) relatos de abuelas, tías, amigas, etc. (iii) descripciones científicas y (iv) otras descripciones: medios de comunicación, cultura popular, películas, literatura, etc. Se debe atender a qué cosas se dan importancia y qué cosas se obvian, y explorar las emociones y conductas que nos producen. El objetivo de esta técnica es conocer el origen de los elementos que conforman nuestra visión del parto para poder trabajar más efectivamente sobre ellos e, incluso, desactivarlos en caso de ser creencias erróneas o fuentes de conflictos improductivos.

b) Descubrimiento de modelos latentes. Hay que prestar atención a los esquemas culturales que influyen en nuestra concepción del parto, por ejemplo, aquellos que nos han presentado la feminidad como algo sucio, pecaminoso, débil y supeditado a la masculinidad. Es importante tener en cuenta que una mujer puede no tener conciencia de éstos modelos, pero eso no impide que estén  profundamente incorporados y configuren de modo relevante su visión del parto y, por supuesto, su filosofía de vida en general. Así, puede darse una discordancia entre la filosofía teórica, aquella que se manifiesta tener, y la filosofía realmente operativa (Cavallé, 2007). Hay que tomar conciencia de ésta última y de qué manera condiciona nuestra visión del parto.

c) Análisis de creencias. “Dar a luz” nuestras creencias  y analizarlas críticamente, para ver si tienen o no fundamento, ya que re-crean y condicionan la experiencia del parto. Descubriremos que algunas de ellas son pensamientos automáticos modelados por la cultura y la tradición, pero en las que en absoluto nos sentimos reflejadas. En otras ocasiones, puede sentirse conformidad con las creencias descubiertas, pero admitiendo que son fuente de conflictividad. En estos casos, puede ser útil iniciar un proceso de refutación que “ayude a desvelar dónde radica la limitación de sus planteamientos, qué elementos valiosos hay en ellos que justifican su renuncia a cuestionarlos, y qué matices ausentes o qué creencias asociadas pueden estar desvirtuándolos”[12]. También pueden examinarse los conceptos y argumentos implicados mediante el uso de la lógica y abordarse la fundamentación de las opiniones verdaderas.

d) Reconocimiento de lagunas o de la propia ignorancia. No hay ninguna razón para mantener en la ignorancia a las mujeres sobre sus propios cuerpos y el proceso del parto, como ocurre en la actualidad.  La mejor manera de despertar el espíritu  emancipatorio e indagador es detectar ideas limitadas sobre el parto y admitir el conocimiento incompleto o la ignorancia sobre éste.


2.  Reinterpretación o resignificación: el tratamiento patológico del parto ha llevado a percibir éste bajo un enfoque negativo y limitado[13]. Este método filosófico pretende enfocar la situación desde una perspectiva diferente, bajo una nueva luz, y promover un pensamiento constructivo y creativo que nos permita relacionarnos con la experiencia del parto de un modo renovado. Veamos cómo esto puede tener lugar.

a)      El dolor. Debemos comprender es que sentir dolor no equivale a sufrir. El sufrimiento es la experiencia psicológica que acompaña a la percepción del sinsentido del dolor, normalmente seguida de sensaciones psicológicas añadidas -como tristeza, ira y frustración- derivadas de la resistencia y el rechazo de la experiencia que se está viviendo (cosa totalmente comprensible dadas las terribles condiciones en las que se fuerza a parir a las mujeres). Las sensaciones físicas que acompañan al parto como tales, y por muy fuertes e intensas que sean, no causan sufrimiento sino que éste se deriva del desconocimiento de la verdadera naturaleza del parto y de su equivocado tratamiento. Por otro lado, hay que conocer las ventajas psicológicas de experimentar el dolor el parto: “Aceptar las sensaciones poderosas creadas por el útero y, vivir las contracciones fuertes y muchas veces dolorosas para producir el milagro de un bebé, ofrece a las mujeres una oportunidad única para el auto- descubrimiento y crecimiento personal.” El dolor puede, además, servir de guía. “El dolor obliga a conectarse con el cuerpo y a no pensar en nada más (…) Escuchándolo se puede encontrar la postura que facilite el nacimiento.”[14]. Así pues la tarea es dotar de sentido a las sensaciones dolorosas: ¿para qué sirve el dolor en el parto?

Otra posibilidad aquí sería considerar la ya mencionada (y controvertida) tesis de Casilda Rodrigañez que asocia el dolor en el parto con la sumisión femenina y atender a las técnicas de recuperación del útero espástico (desarrollo sexual pleno, danza, relajación, etc.).


b)      El goce. Se sigue insistiendo y publicitando los aspectos negativos del parto (por ejemplo: cómo parir sin dolor) y se olvida que el parto es parte integral de la sexualidad femenina y, como tal, es un acontecimiento íntimo y sensual. Hay un arraigado temor cultural a los procesos relacionados con la sexualidad de la mujer, y en esto la clase médica es un reflejo de nuestra sociedad. Se prefiere medicalizar el parto a comprender el eficaz funcionamiento del cuerpo femenino. ¿Qué ocurriría si a la mujer se le enseñara a disfrutar del nacimiento en lugar de a sufrirlo? Recientemente se ha estrenado Orgasmic Birth, un documental que se enfrenta a los mitos culturales en torno al parto y muestra que la mujer puede experimentar la pasión de dar a luz y alcanzar un elevado estado emocional, físico y espiritual en un entorno no medicalizado.

c)      El parto como vía de crecimiento interior. El proceso del parto puede ser una oportunidad de desarrollo personal y de transformación profunda. Así, y a modo de ejemplo, señalamos las siguientes virtudes intrínsecas al parto:

–          Fuerza interior, auto-estima y auto-confianza. No se trata de obedecer ciegamente a unos especialistas, ni de seguir una serie de pautas, normas o consignas sino de atender a nuestro propio ser y confiar en nosotras mismas, permitiendo que el proceso se produzca, abriéndonos a la experiencia. No debemos buscar fuera la sabiduría que está dentro.

–          Veracidad. Una mujer no tiene que renunciar a sus convicciones más profundas para dar a luz;  no hay razón para entregarse sumisamente a manos de los ginecólogos, porque, insistimos, el parto no es un acontecimiento médico, sino un acto de amor. Existe la posibilidad de mantenerse fiel a una misma y de hacerlo con la mayor de las responsabilidades hacia la criatura que va a nacer[15].

–          Capacidad de aceptar y vivir lo desconocido. La incertidumbre es inherente a la vida, y el parto es una buena ocasión para aceptarla como la realidad que es. No está de más tener en cuenta que la pretensión de una programación total puede ser una huida de la incertidumbre y un obstáculo para la flexibilidad. También un exceso de “erudición” desconectada del propio “centro” puede empañar la capacidad de abandono o de vivencia directa.

–          Creatividad. Cada parto es único y personal, no un acto de sumisión ni de repetición.



3. Clarificación de valores. El diálogo filosófico permite conocer cuáles son los valores y comprender los conflictos arraigados en ellos, ya sea por una desarmonía entre valores teóricos y valores operativos, falta de claridad con respecto a ellos o una inadecuada jerarquización de los mismos[16]. Esta técnica pretende facilitar la toma de decisiones sobre el parto y empoderar a las mujeres  para que puedan enfrentarse a los dilemas que éste les plantea (un conflicto típico es  seguridad vs. libertad).


III. Conclusión

La aplicación de la filosofía a la preparación y vivencia del parto pretende contribuir a facilitar una experiencia más plena, libre, auténtica y profunda, devolviendo el protagonismo en este acontecimiento a las mujeres que dan a luz.

El aumento de conciencia que acompaña a toda práctica filosófica no debe confundirse con un intento de racionalizar, intelectualizar, dirigir, controlar, interferir o perturbar de algún otro modo el proceso fisiológico del parto pues, como ya hemos dicho, durante éste el neocortex debe ponerse en reposo y no inhibir al cerebro primitivo que regula la producción de hormonas.

Ciertamente, no podemos controlar conscientemente la segregación de hormonas, pero sí podemos contribuir a establecer las condiciones necesarias para su liberación: intimidad, respeto, seguridad, confianza, etc. El miedo, el stress, la vergüenza, el enojo y la ansiedad, producidos por condicionamientos internos y externos, en gran parte dependientes de una concepción patriarcal del parto, inhiben la secreción de oxitocina. Es aquí donde la práctica de la filosofía, en colaboración con otras técnicas (relajación, meditación, yoga, danza) y profesionales (doulas), puede contribuir a facilitar la experiencia plena y libre del parto.

Una última advertencia. En mi opinión, debe evitarse que la aparición de la filosofía en este espacio desemboque en prescripciones éticas o exigencias de la futura madre hacia sí misma, pues el parto no es un espacio para el “deber” sino para el “ser”. Es una oportunidad de abandono de toda idea (“yo debo ser esto a aquello”) para, simplemente, ser.




[1] Según declaraciones de Marsden Wagner, ex director del departamento de salud materno infantil de la Organización Mundial de la Salud en el 1er Congreso Internacional de Parto y Nacimiento en casa, Jerez, octubre de 2000. Citadas en la web El Parto es Nuestro:  http://elpartoesnuestro.es/index.php?option=com_content&task=view&id=372&Itemid=53 , consultada el 16 de junio de 2009.

[2] Recomendaciones de la OMS sobre el nacimiento. Consultadas en la web de la Asociación el Parto es Nuestro.

[3] En España una de las asociaciones más activas es El Parto es Nuestro, que ofrece información, asesoramiento y apoyo a mujeres que quieran optar por un parto respetado.

[4] Richard Johanson, Mary Newburn, y Alison Macfarlane. British Medical Journal, vol. 324. 13 de abril de 2002. Título original “Has the medicalisation of childbirth gone too far?”

[5] Declaraciones publicadas en http://www.elpartoesnuestro.es/index.php?option=com_content&task=view&id=142&Itemid=56

[6] Gloria Lemay, “La naturaleza de parir y nacer”, web de la asociación El Parto es Nuestro http://www.elpartoesnuestro.es/index.php , consultada el 15 de junio de 2009.

[7] Michel Odent es el fundador del Primal Heath Research Center, centro dedicado al estudio de las consecuencias del periodo primal (que va desde la concepción al primer año de vida) en la salud y el comportamiento posterior en la vida, algo que, a su modo de ver, ha sido subestimado por los científicos.

[8] No es casual que la oxitocina sea la hormona que se segrega al hacer el amor ya que el parto forma parte de la vida sexual de la mujer, aspecto totalmente ignorado en la actualidad.

[9]Entrevista a Michel Odent en el Diario Clarín, publicada en http://www.holistika.net/parto_natural/parto_medicalizado/entrevista_a_michel_odent.asp?s=  Véase también, “Parirás con privacidad. Entrevista a Michel Odent” en http://www.doulalluisa.cat/entrevista_michel_odent.htm. “Que los padres estén ahí observando es la principal razón de que haya partos largos y difíciles. Conozco infinidad de casos donde el parto es extremadamente lento hasta que el hombre se va por alguna razón, por ejemplo, comprar un agua mineral. Y tan pronto él se aleja, la mujer grita, se contrae y nace el bebé. En el período perinatal, hay que darle prioridad al lenguaje no verbal. Las mujeres dicen que no podrían imaginarse el parto sin la compañía de su esposo. Pero con su cuerpo dicen lo contrario: que dan a luz más fácil cuando están solas.”

[10] Véase Casilda Rodrigañez, Pariremos con placer, Murcia, Ediciones Crimentales, 2007. También se puede descargar gratuitamente de su web: http://www.casildarodriganez.org/

[11] Para saber más sobre asesoramiento y práctica filosófica, puede consultarse la web de ASEPRAF, Asociación Española para la Práctica y el Asesoramiento Filosófico: www.asepraf.org .

[12] Cavallé y Machado, Arte de vivir, arte de pensar, Bilbao, Desclée de Brouwer, 2007, p. 63.

[13] Blanca Herrera, Matrona del Hospital Comarcal de Baza (Granada) y Coordinadora del Grupo Parto de Baja Intervención de la Asociación Andaluza de Matronas declara: “La medicina, por otro lado, también ha perdido la fe en el cuerpo de las mujeres… o quizá nunca la ha tenido porque, a pesar de que a cualquier sanitario que se le pregunte asegurará que el embarazo y el parto son procesos fisiológicos y normales, la realidad es que el cuerpo de la mujer está patologizado desde el principio de la vida reproductiva hasta el final de la misma, incluyendo, por supuesto, el embarazo y el parto.” Herrera, Blanca “Miedo al parto”, Tu Bebé, 185.

[14] En palabras de la matrona Blanca Herrera: “El sufrimiento va acompañado de un proceso psicológico que poco tiene que ver con el dolor físico. Se sufre cuando te tratan mal o estás pasando por una situación desagradable o que te resulta molesta emocionalmente. Se sufre cuando se pierde la autoestima, el control sobre el propio cuerpo, y cuando no puedes tomar las decisiones que afectan al proceso que estás viviendo. He visto mujeres que no experimentaban ningún dolor en el parto sufriendo por no poder moverse, por no poder percibir su cuerpo, por sentirse infantilizadas y humilladas. También he visto mujeres con dolor que han gozado enormemente, que dicen haber experimentado una de las experiencias más intensas y dichosas de toda su vida”. Herrera, Blanca, “Afrontar el dolor en el parto”, Tu Bebé, 183.

[15] Se han investigado los perjuicios para el bebé y para el establecimiento del vínculo madre-hijo/a que los partos medicalizados producen y estos estudios deberían recibir la atención que merecen.

[16] Cavallé y Machado, op. Cit., 60-61.