Aprender a morir (I)

Ya que es incierto cuando la muerte nos espera, esperémosla constantemente. La meditación anticipada de la muerte es meditación anticipada de la libertad. Quién ha aprendido a morir ha desaprendido a servir. Saber morir nos libra de todo yugo y de toda coacción. No existe nada malo en la vida para quién ha comprendido que la privación de la vida no es un mal.

Montaigne

“Meditar en la muerte”; el que dice esto ordena meditar en la libertad. El que aprende a morir desaprende el servir; está sobre todo poder, por lo menos fuera de todo poder. ¿Qué son para él la cárcel, los guardias, las cadenas?. Tiene libre la puerta. El amor a la vida es la única cadena que nos tiene atados…Tan necio es temer a la muerte como a la vejez; porque así como la vejez sigue a la juventud, así la muerte a la vejez; no quiere vivir quién no quiere morir. Pues la vida se ha dado con la condición de la muerte, se va a ella.

Séneca

La escritura de sí

Ayer, buscando revistas electrónicas de filosofía, encontré en Astrolabio una entrevista de hace unos años a Michel Onfray. En ella, el filósofo francés hacía una declaración que resulta muy adecuada para seguir con las reflexiones que me  ocupan esta semana. No la reproduzco porque exprese una idea original, sino porque toparme con estas palabras en el momento actual adquiere para mí especial relevancia.

Siguiendo el principio de Montaigne, yo creo que la escritura es de entrada escritura de sí. La construcción de una obra filosófica y literaria es inseparable de la construcción de uno mismo. La una se alimenta de la otra. Mis viajes, mis gustos y disgustos, mis lecturas, mis reflexiones sobre la marcha del mundo, son otras tantas ocasiones de hacer un balance personal, a través de la escritura. No concibo la vida sin libros que leer y escribir, y tampoco lecturas o escritura sin la vida que las acompaña…

Seguiremos con el tema.

Puedes leer el resto de la entrevista aquí.