Llamada entrante

Para el que habla con los pájaros.

Me llamas en tu lengua primigenia

hecha de nudos y risas,

de risas que son recreos.

“Los carvallos tienen las hojas limpias”,

y tu frase me perfora la cabeza.

“Sí… están limpitos”

y tu amor por los diminutivos me desarma

y me calienta.

Me explicas cuánto bien hizo la lluvia

con una voz transformada por las ondas

-deliciosamente metálica,

irremediablemente orgánica-

y te ríes ante el intempestivo arranque de mi deseo:

“Ruliña…”

Hijo del día,

duende del caos:

me haces arder.