Calippo

Las palabras son espurias tantas veces.

Tantas veces renegué de ti,

en versos viejos y palabra usada.

 

La entraña, en cambio,

nunca miente.

 

*

 

La realidad de tu cuerpo ocupando un espacio

hace huir a los fantasmas.

 

*

 

Existes

y eso basta.

Llamada entrante

Para el que habla con los pájaros.

Me llamas en tu lengua primigenia

hecha de nudos y risas,

de risas que son recreos.

“Los carvallos tienen las hojas limpias”,

y tu frase me perfora la cabeza.

“Sí… están limpitos”

y tu amor por los diminutivos me desarma

y me calienta.

Me explicas cuánto bien hizo la lluvia

con una voz transformada por las ondas

-deliciosamente metálica,

irremediablemente orgánica-

y te ríes ante el intempestivo arranque de mi deseo:

“Ruliña…”

Hijo del día,

duende del caos:

me haces arder.

Herida

Me duele el lugar de dónde surges

abandonado.

 

Me duele el silencio de tu boca seca,

la levedad de tu paso,

la intimidad de esta huida.

 

Ni dos, ni tres segundos de ternura bastan.

 

Me duele verte flotar sobre la tierra,

y alejarte de la carne.

Te crees perro y eres aire.

 

Agarra un espejo.

No corren los lobos por los cielos despejados.