Cosas que importan

Cuando la sangre hierve, entonces importa. Cuando me llevas al borde, entonces importa. Cuando me quiebro de placer entre tus brazos, entonces realmente importa. El otro tiempo, el otro espacio habitado, es otra cosa. Es otra la vida que pasa.

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De camino a casa (2005)

… El mundo no se acaba tras la sublevación. Que matar al padre es cosa ya antigua. Incluso pasada de moda. Puedes ir a devolver la peli al videoclub y depositarla por la ranura del buzón, que él se la tragará sin rechistar. Los mismos “te lo comería todo” recibes por el camino. E incluso en el metro continúas con la novela de Elfriede Jelinek como si tal cosa. Al salir, un hombre con un ojo muerto de color azul pálido y enfrente, en las escaleras de la plaza, un joven rebosante de él mismo y seguro en sus bíceps y en su camiseta de tirantes, empuña una litrona. ¡Bang! Le dispararía a todo lo que no fuese él. Le brillan los ojos. Unas chicas revolotean a su alrededor. Que un poco de cariño lo buscan todos. Y las mujeres más, que ven cómo el paso del tiempo se ceba en ellas, y quieren plantar su coño, su pequeño corazoncito, a la sombra de este joven. ¡Mal lugar para cultivar nuestro huerto! Una a una van soltando sus semillas y sus esperanzas, que en algún lugar ha de florecer el amor. ¿Por qué no sobre el rabo de este chico? Que el sexo no es cualquier cosa. Y abrirse de piernas para él tampoco. Por fuerza ha de quedar prendado de mis encantos. Si no hoy, mañana que estreno vestido. Y así, envuelta en papel de regalo, me presentaré ante él. La plaza se queda atrás. En la calle Mesón de Paredes, una señora ha creado un río. Hermosa cosa. Un río de agua y lejía, de miserias domésticas, que baja espumoso colándose entre las ranuras de la acera. Umm, desinfectante, profilácticos, toallitas íntimas, klinex, salvaslips, desodorantes. ¡Frótese más señora, que todavía huele usted! ¿No le da vergüenza? La humanidad se aplica colonias y cremas con auténtico frenesí. Ya incluso podemos llevarlos en pequeñas muestras en nuestro bolso. Imagínese usted -que se encuentra ahora en el supermercado- que esta noche encuentra el amor. ¿No pensará presentarle así sus misterios a su enamorado? Que la comida entra por los ojos pero también por la nariz. Y usted apesta. Prepárese mujer que su enamorado quiere merendársela en un abrir y cerrar de ojos para ir después a jugar un partido de fútbol en el que ahogar su asco. ¡Bien! ¡Gol! ¡Doble gol! ¿Cree usted que le importa más el primero que el segundo? Tuerzo a la derecha. Una joven virgen María tirada en un portal muestra el frutobenditodesuvientrejesús ataviada con un top rosa. El ombligo está a punto de reventarle. A esta le quedan dos noches para el día más feliz de su vida, que no debe distar mucho del de su comunión …

Extracto de una discusión entre Eva y Adán años después de la expulsión del Paraíso

– Vale. Pues yo quiero que rebose, que se vierta. Que gotee.

Que mantenga bien húmeda la tierra, para escarbarla y hundirme en ella. Para hacer barro y recrear cada cosa, cada ser, como al principio. Desnuda y adornada con enredaderas.

 Quiero coger la manzana y metérmela en las entrañas, por el ombligo. ¿Entiendes?

[sic.]


Antes o después, 04/05/04, Calle Balsas (Murcia)

Antes o después llega el día en que uno lo pierde todo. ¿Cómo perder lo que nunca se ha tenido? Dirás. Pero no es cierto que no te haya tenido nunca. Te he tenido mucho, tanto que nos asustaba. Tanto me mirabas que imaginabas convertirte en un héroe. Pero la vida, aunque a veces lo deseemos, no es una epopeya. La sencillez desbanca a los grandes pensamientos. Lo cotidiano a lo extraordinario. La mirada tranquila a las mejillas arrebatadas. La vida es algo lento y prosaico. Solo a veces se ve envuelta en turbulencias de mente y sangre. Y llantos. Y sudor. Y flujos calientes. Entonces, uno se siente capaz de levantar la cabeza y decir al mundo unas cuantas cosas desafiantes, “y ahí te quedas, al mundo le diría”.

“y ahí te quedas, al mundo le diría”.

Nihilismo corporal. 25/02/04, Calle Balsas, Murcia.

Me siento agotada y hueca, como si mi espíritu hubiese abandonado a mis nervios, a mis huesos, a mis músculos cansados. Como si se hubiese evaporado, dejando un suspiro en el pecho, un suspiro tan débil que no sale, uno que ni es suspiro ni es nada.

Algo se me ha roto o me ha dejado o qué se yo. La vida que solo vive y nada dice, el latido que no se discute… Parece que me cuesta bombear sangre por estos miembros ausentes. A cada movimiento acompaña una duda, una pregunta desdibujada, una insatisfacción. Una derrota.

Mi cuerpo no lo siento mío. Miro mis manos, lentas sobre las teclas, y me resultan extrañas. De otra. Estos dedos torpes. De otra, la espalda curvada. De otra, las piernas inmóviles. Y solo en el sueño parecen conciliarse cuerpo y espíritu. Solo allí se acercan las partes. Bajo la oscuridad que inunda, en la calidez que derrama la inconsciencia. En esta orgía del no-ser. O del ser a medias.

La lucha (9/10/03, Murcia)

No es cosa de un día. La lucha se extiende. Promete ser larga. No es fácil permanecer alerta en todo momento, la espada a veces descansa y los cuerpos también. Pero quizá este misma condición duradera elimine el carácter bélico del asunto. Porque una batalla no es tal si perdura como estado natural del hombre. O de la mujer. Dicen que si no hay guerra tampoco hay paz. Al menos no en el mismo sentido. Los tambores que arengan al soldado no surtirían efecto si acompañaran desde el parto, desde la primera succión del pecho que ya no se recuerda. Así que quizá, después de todo, esto no sea cuestión de enfrentamientos. Puede que sea otra cosa. Más aún cuando se cree ver al enemigo dentro de los límites de la propia carne. Más aún cuando puede que no sea otra cosa que la misma vida.