A la caza de la falacia

Una falacia es un argumento que parece que es correcto pero que no lo es. La Lógica ha clasificado multitud de tipos y si estamos atentos podemos encontrarlas en nuestras conversaciones cotidianas, en los discursos de los políticos y personajes públicos y tras muchas creencias populares. De hecho, son el tipo de error que impiden que tenga lugar un diálogo racional.

¿Una vez apelaste a San Cucufato para encontrar las gafas y al segundo las encontraste? Quizá después te sentiste seducido por la falacia post hoc…

Esta falacia o error argumentativo consiste en creer que si B (encontrar las gafas) ha sucedido inmeditamente después de A (plegaria a San Cucufato), A es causa de B. Ciertamente muchas personas establecen una conexión causal de este modo, obviando que si bien la sucesión en el tiempo es una condición necesaria para establecer una relación causa-efecto, no es condición suficiente. Este error se encuentra en la base de muchas supersticiones.

Por ejemplo, una vez un alumno me dijo que creía que gracias a que había evitado pasar por debajo de una escalera antes de entrar a un examen había obtenido una buena nota (cuando no era lo habitual). Había establecido uno nexo causal sólo porque una cosa había sucedido después de otra, sin tener ninguna otra prueba de relación entre estos dos sucesos.

No obstante, a veces atender a la mera sucesión entre dos fenómenos puede ser razonable. Por ejemplo, si como marisco y al segundo me salen manchas en la piel no es irracional sospechar que lo primero podría ser causa de lo segundo, pero una cosa es tomar algo como base para la investigación y posterior verificación y otra establecer una conexión causal. Para evitar caer en esta falacia simplemente no adelantes conclusiones e investiga si realmente tienes buenas razones para pensar que dos sucesos están relacionados.

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Lógica/intelecto/concepto + intuición/emoción/experiencia = aprendizaje significativo

Memorizar cosas como, por ejemplo, daz, ten, sep, ins, fir, etcétera, es tarea difícil. Como esas sílabas no significan nada, no son fáciles de aprender y no es raro que se las olvide pronto.

Con frecuencia no nos damos cuenta de que gran parte del material que se les presenta en clase a los alumnos tiene para ellos el mismo caráter abstruso y vacío que esta lista de sílabas sin sentido tiene para nosotros (…) poco menos que para la totalidad de los educandos, grandes partes del currículum carecen de significación. De manera que la educación se convierte en un vano intento de aprender material carente de significación para el individuo.

En tal aprendizaje solo interviene la mente, o sea que se verifica “del cuello para arriba”, sin particiación de los emociones ni de las significaciones personales, de suerte que no reviste importancia para la persona total.

(…) De antiguo, la educación ha considerado el aprendizaje como una forma ordenada de la actividad cognitiva de la porción izquierda del cerebro. El hemisferio cerebral izquierdo tiende a funcionar de manera lógica y lineal, avanzando paso a paso, en línea recta, y poniendo de relieve las partes, los detalles que constituyen el todo. Acepta sólo lo seguro y claro y se ocupa de ideas y conceptos. Guarda relación con los aspectos masculinos de la vida y es el único tipo de actividad que ha tenido aceptación plena en nuestras escuelas y universidades.

Sin embargo, involucrar a toda la persona en el aprendizaje significa también poner en libertad y utilizar la porción derecha del cerebro (…) Es la parte intuitiva, la que aprehende la esencia antes de conocer los detalles, la que abarca la Gestalt entera, la configuración total. Se vale de metáforas y es estética más que lógica. Hace cabriolas creativas. Es la manera del artista, del científico creativo, y está vinculada con los aspectos femeninos de la vida.

(…) En el aprendizaje significativo se combinan lo lógico y lo intuitivo, el intelecto y las sensaciones, el concepto y la experiencia, la idea y el significado. Cuando aprendemos de esa manera somos completos, utilizamos todas nuestras potencialidades masculinas y femeninas.

Carl Rogers, H. Jerome Freiberg [1994], Libertad y creatividad en la educación, Barcelona, Paidós, 1996, pp-60-71.